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La leishmaniosis es una enfermedad parasitaria transmitida por la picadura de flebótomos. Es una de las enfermedades vectoriales más importantes en perros y también puede afectar a gatos, especialmente en zonas con mayor presencia de este parásito en España.
Se trata de una enfermedad compleja que puede afectar a distintos órganos y sistemas del animal. Su evolución es variable y no todos los pacientes presentan los mismos síntomas, lo que hace que en muchos casos pase desapercibida en fases iniciales.
La transmisión se produce a través de la picadura de flebótomos, un tipo de mosquito de pequeño tamaño que actúa como vector. Estos insectos están activos principalmente en épocas cálidas, como primavera y verano, aumentando el riesgo de infección.
Los animales que pasan tiempo al aire libre, viven en zonas endémicas o viajan con frecuencia tienen mayor exposición a este tipo de parásitos.
Los síntomas de la leishmaniosis pueden ser muy variados y, en muchos casos, inespecíficos. Algunos de los signos más frecuentes incluyen:
En fases iniciales, algunos animales pueden no mostrar síntomas evidentes, lo que hace especialmente importante la detección precoz.
La leishmaniosis puede estar presente en el organismo antes de manifestarse clínicamente. Detectarla a tiempo permite valorar el estado de salud del animal, iniciar tratamiento si es necesario y establecer un seguimiento adecuado.
La prueba de detección suele realizarse mediante una pequeña muestra de sangre y forma parte de un chequeo sencillo que aporta información muy relevante, incluso en animales aparentemente sanos.
La prevención es la herramienta más eficaz para reducir el riesgo de infección. Para ello, se recomienda:
Durante la campaña de primavera, es un buen momento para revisar si tu mascota está correctamente protegida y valorar la necesidad de realizar un test de detección.
Es una enfermedad parasitaria transmitida por flebótomos que puede afectar a distintos órganos del animal. Su evolución es variable y puede pasar desapercibida en fases iniciales.
Sí, aunque es menos frecuente que en perros, los gatos también pueden verse afectados, especialmente en zonas con presencia del vector.
Los más habituales son pérdida de peso, apatía, lesiones cutáneas, crecimiento anormal de uñas, ganglios inflamados y problemas renales, aunque pueden variar según el caso.
Mediante un test realizado con una pequeña muestra de sangre que permite detectar la infección incluso en animales sin síntomas.
Sí. El uso de antiparasitarios adecuados, la protección frente a flebótomos y las revisiones veterinarias periódicas ayudan a reducir el riesgo de infección.